¿Se puede dejar de ser homosexual?

No. Puede que haya personas que no concuerden con esta respuesta, sin embargo podría asegurarles que dichas personas no pertenecen a la comunidad LGBTI+. Actualmente, muchos países del mundo han aprobado el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo y mientras este gran paso hacia el progreso es celebrado alrededor del mundo, por otro lado, también hay quienes hacen notar su desacuerdo.

 

Desde vergonzosas campañas en contra de la homosexualidad a crueles y cobardes ataques neonazis a homosexuales en países como Rusia, incluyendo, entre otras cosas, “terapias” o “tratamientos” tan disparatados como los que aseguran que “las personas pueden dejar de ser homosexuales”. La llamada terapia de reorientación sexual prácticamente polariza a las sociedades de forma inmediata: por un lado están los fundamentalistas religiosos, personas que obviamente no están familiarizadas con lo que es pertenecer a la comunidad LGBTI+, asegurando que la homosexualidad es una opción que puede revertirse abrazando la religión, por el otro están quienes creen que no sólo no se trata de algo que se pueda revertir, tratar o “que deba tratarse”, sino que aseguran que lógicamente, no es más que algo cruel, desmoralizante e ineficaz.

 

Esta terapia se trata de una serie de métodos que buscan la modificación de la orientación sexual de personas con atracción sexual hacia personas del mismo sexo para eliminar sus deseos y “comportamientos sexuales”. Para este fin, se aplica el método psiquiátrico y psicológico conocido como terapia de aversión, el psicoanálisis, la modificación y el moldeamiento del comportamiento, el consejo religioso y la oración.

 

Por supuesto que no existe la más mínima evidencia de que semejante cosa pueda funcionar para lograr semejante disparate y no es difícil sentir una mezcla de humor, vergüenza y molestia al leer sobre esta terapia. Incluso el tema puede analizarse desde las ciencias y los expertos aseguran que no hay que apresurarse a tomar una postura tan mesurada, puesto que no existen casos registrados en los que un homosexual pueda cambiar su orientación sexual o dejar de sentir atracción por personas de su mismo sexo.

 

También hay teorías genéticas en las que se propone una relación; como la exposición hormonal en el útero a diferencias fisiológicas a nivel cerebral, según se ha investigado en la neurociencia. Además, está el curioso caso de los gemelos idénticos (que comparten el 100% de los genes) y los gemelos fraternales (comparten el 50%), en donde la orientación sexual de cada uno siempre es la misma, ya sea heterosexual, homosexual o bisexual, ambos la comparten y puede ser un interesante indicador de cómo la genética y la sexualidad están relacionadas.

 

El psicólogo Gerulf Rieger, de la Universidad de Cornell, asegura que efectivamente, la genética no determina completamente la sexualidad de una persona al momento de su nacimiento, pero que sí influye en el desarrollo desde el útero, lo cual acompañado por la formación, las experiencias tempranas y los primeros estímulos sexuales del individuo, sí será incidente en la orientación sexual del sujeto especialmente durante la pubertad. Lee Beckstead, psicólogo de la Universidad de Utah, menciona que si bien la influencia genética no puede ser completamente alterada, tiene sus dudas respecto a los demás factores y se necesita más información para determinar si los factores prenatales que pueden incidir en la orientación sexual se pueden modificar o no.

 

 

Este es un tema que podría ser visto como relativamente nuevo, ya que apenas comienza a haber una “aceptación” y con aceptación no me refiero a se acepte y se esté de acuerdo con ello, sino a que ya se comienza a aceptar el hecho de que la homosexualidad es un tema cotidiano para muchos. Si tienen alguna duda o quisieran darnos su respuesta propia a esta pregunta, ¡háganlo!, nos encantaría escucharlos para así tener una más amplia perspectiva, fresca y renovada, ¿por qué no? ;D

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